AMIGO FIEL

No sé cuándo comenzó este miedo, este temor a ser descubierta en mis imperfecciones y desajustes, temiendo que los demás se alejaran al verme tal cual soy. Me aislaba, buscando refugio en la oscuridad de mi habitación, esperando que los calmantes me llevaran a un olvido temporal. Pero incluso allí, en la penumbra, tu voz me alcanzaba, llamándome. La locura parecía ser mi destino inminente, un futuro entre muros de un manicomio, rodeada de aquellos etiquetados como inestables o locos, excluidos de la sociedad. Sin embargo, tu voz insistente me seguía llamando, y en un intento de silenciarla, me acostaba deseando no despertar nunca más.

Mis intentos de huir fueron en vano, pues no lograba apagar completamente mis sentidos. Entonces, en medio de mi desesperación, la melodía se convirtió en mi salvación, tal como lo fue para el rey David. La música, ese arte que siempre busqué en mis momentos más oscuros, se transformó en el vehículo de tu acercamiento.

La música cristiana, a la que nunca había prestado atención, prefiriendo el pop que simplemente me distraía, comenzó a obrar en mí una revolución. Un día, al encender la televisión, me vi reflejada en una mujer derrotada y postrada en el suelo. Su dolor era el mío, y cuando ella empezó a cantar, su voz y la melodía resonaron en mi alma.

La canción “Que me falte todo” de Zuleyka Barreiro me tocó profundamente, y esa melodía se quedó conmigo, aligerando mi carga. Recordé entonces al rey David y cómo su música agradaba a Dios. Incluso el rey Saúl encontró en la melodía un sosiego para su tormento. De la misma manera, esa arma melódica estaba ahora luchando a mi favor.

Ahora puedo afirmar con certeza:

Conoces a tu hija, y has envuelto tu voz en canciones que hablan de amor, perdón, arrepentimiento, sanación, inspiración y salvación. Has hecho que todo sea más fácil de comprender. Tu voz, entrelazada con la melodía, canta sobre un amor inquebrantable y un tiempo necesario en el desierto para quebrantar la carne y liberar el espíritu oprimido.

Aún me siento aturdida por el dolor y los residuos de los calmantes, pero tu respuesta es un bálsamo:

“Soy un amigo fiel, el Cristo Redentor y Salvador, fiel a mis promesas. Dirige tu mirada hacia mí, y toda duda y miedo se disiparán en este tiempo en el desierto. Fortaleceré tu fe y nutriré tu corazón, liberándote de todo temor y envolviéndote en la paz del Todopoderoso.”



Anónimo, Ecuador

Publicado por HAVVA ESCRITOS

La colección literaria, que disponía mi abuelo, abrió un mundo fascinante; que me atrajo desde el primer instante hacia las letras.

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