VENDAS
En el libro de Juan, señala que el apego al pecado era tan exacerbado, que mermaba la luz y acrecentaba la oscuridad. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. (Juan 3: 20) No obstante, el tiempo, en la oscuridad, no solo enmohecía la carne; sino que se extendía al alma y la quebraba. Indiferentes a la voz del Padre, y con las conciencias inutilizables, aumentaba el sitio para un antagónico que flexibiliza el pecar y dispensa la culpa con vendas. Vendas que con el tiempo exudan un hedor insoportable. Quisiera decir que estoy exenta del virus del pecado, más, aunque mis labios lo negaran. El deterioro de mi organismo hablaría, y si este aún no manifestase un olor fétido, mi alma mancillada seguramente sería el eco de mis vituperios. Así que no agravaré más mi condición y reconoceré que he pecado.