Si te pregunto: “¿Has estado alguna vez enamorado?”, probablemente responderías que sí.
Casi todos hemos sentido el amor, yo incluido. Es una sensación maravillosa, ¿verdad? Risas, diversión, detalles románticos… Todo es perfecto hasta que el amor se termina y nos deja con un corazón herido. Y sí, duele mucho. Te sientes como si tu mundo se desmoronara, como si no valieras nada, como si fuera lo peor que te ha pasado. Lo único que quieres es llorar, aislarte y, en algunos casos, desaparecer. Es tan doloroso como suena. Lo sé porque lo he vivido más de una vez, y cada vez ha sido peor que la anterior. Pero no estoy aquí para contarte mis fracasos amorosos ni para darte consejos sobre cómo superarlos. En cambio, quiero compartir contigo lo que me ayudó a curar mi corazón.
En esos momentos oscuros, llorando en mi habitación, sin apetito y sintiéndome devastada y sola, descubrí que no estaba completamente desamparada. Alguien entendía mi dolor sin necesidad de palabras. Esa presencia se instaló en mi ser y supe que no estaba sola, que había alguien capaz de restaurar mi corazón.
Entonces, clamé por ayuda al único que creía podía aliviar mi sufrimiento: “Dios mío, ayúdame. Libera mi corazón de este dolor.” No voy a pretender que todo mejoró instantáneamente; Dios no es un mago. Pero sí experimenté una nueva sensación: paz. Pude respirar y sentí que, con su guía, saldría adelante. Confié plenamente en Él y dejé que se hiciera cargo de todo.
Con paciencia y a su tiempo, empecé a renacer de las cenizas. Mi dolor se disipó y finalmente comencé a sanar. Algunos podrían preguntarse qué diferencia hace atribuir este cambio a Dios, y aunque para algunos pueda parecer insignificante o simplemente el resultado del tiempo, se equivocan. No es lo mismo enfrentar algo en soledad, a tener la plena confianza de que alguien más se hará cargo de eso que para nosotros es imposible. Por eso, le doy todo el crédito a Dios, quien sanó las heridas de mi corazón.
Salmo 147:3 dice: “Él sana a los quebrantados de corazón y venda sus heridas”.
Hermoso proceso de sanación
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