PRESENTADO UNA OBRA DE RICARDO HECTOR MAZZOCCONE, ESCRITOR Y NOVELISTA ARGENTINO
ESTEFANÍA
Lo decidió una noche con el consejo de la luna.
Ariel iría en su búsqueda para traerla al mundo de los vivos.
Partió al alba con el alma entre los dientes, la sabiduría de un filósofo y la fiereza y la convicción de un guerrero espartano.
Al llegar al gélido acantilado se lanzó al agua.
Cruzó los siete Mares, se internó en el océano, surcó el espacio cósmico, eludió estrellas muertas, descansó en aquellas vivas, escaló eternas montañas, caminó descalzo por fértiles valles, la nieve helada y la arena caliente.
Abrió las Puertas del Averno a patadas.
Traspasó las eternas nieblas, se abrió paso entre la muerte y los tormentos, el fuego y el hielo, la soledad y la nada.
Siguió su camino hasta llegar a la playa sin Fin, donde reposan las almas.
La encontró en la orilla de un extraño mar de colores inexistentes.
Su larga cabellera negra volaba por el viento mientras jugaba con la espuma de las olas.
—¡Estefanía! Gritó el hombre.
Ella se dio vuelta, lo miró y lloró lágrimas de sangre.
Su corazón se partió en mil pedazos, cuál frágil cristal.
Su amado caballero había llegado. Muerto.