PLUMAS DE PAZ

PRESENTA UNA OBRA DE JACQUELINE RIVAS BONILLA, ESCRITORA DE EL SALVADOR

POR FIN

Hilario, recién se había bañado, desayunado, lavado los dientes y vestido, a pesar de la situación, sus padres le habían enseñado que debía estar listo desde temprano, pues nunca se sabía que pasaría. Ese día había algo diferente, el ambiente era raro, el aire pesado y esa sensación de que algo estaba por ocurrir, se mantenía sobre todos los habitantes del lugar.

Habían pasado dos semanas desde que habían escuchado decir:

—El presidente se reunirá con los contrarios, hay que tener fe. —había hablado el hombre de las noticias.

Dos semanas, de incertidumbre, de no saber nada.

Lo único que sí sabían a ciencia cierta, es que, con cada atardecer, llegaba la preocupación y las detonaciones. Hilario, junto a sus hermanos menores y el grupo de niños con los que jugaba antes de que el infierno se desatara, sabían que a las seis de la tarde, aunque estuvieran jugando al escondelero, o ladrón librado, si uno de los adultos, uno de los padres de cualquier niño de sus vecinos, si uno de ellos salía y decía: —“es hora» —debían salir de su escondite y buscar resguardarse, sabían que en cualquier momento, aquellas luces y fuego, aparecerían adornando el cielo nocturno.

Las detonaciones, se escuchaban cada vez más fuertes, cada vez más cerca.

El grupo de niños, se reunían, o más bien los padres los reunían, en la casa que para ese entonces era la más segura, con todos esos niños inocentes, la preocupación se hacía más grande, solo quedaba por rogar a Dios, que ninguno de aquellos proyectiles hirieran a sus amados hijos.

Hilario, era valiente y a su edad, demasiado curioso, tanto que veía como un aparato que vuela, algo que los asustaba, pero a la vez, les llenaba de curiosidad, se posicionaba sobre la casa que les servía de refugio, y empezaba a disparar, muchas luces salían de sus alas, muchas pruebas caían a sus pies.

Todas, las dos semanas pasaron demasiado rápido, demasiados enfrentamientos. Ese día, había algo diferente, había algo que los hacía sentir una pequeña parte de lo que representan los recuerdos, sumido en ellos, no se percata que una detonación había sido demasiado cerca y demasiado grande, vio con sus ojos curiosos, como aquel aparato que disparaba luces desde su vientre y desde sus alas, caía estrepitosamente y con ello un grito que con ello un grito que jamás olvidará.

—¡Se ha firmado!, ¡ambas partes firmaron!, ¡Por fin hay paz! Las personas que con ellos estaban, apagaron la pequeña radio de baterías, el hombre de las noticias lo había dicho: —“habían firmado”, “ya había paz». Por fin, había paz.

Publicado por HAVVA ESCRITOS

La colección literaria, que disponía mi abuelo, abrió un mundo fascinante; que me atrajo desde el primer instante hacia las letras.

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