PRESENTA UNA OBRA DE ALEJANDRO CHANG HERNÁNDEZ, ESCRITOR CUBANO
BICHOS
La piedra es pequeña, de color blanco. Su superficie es muy lisa, sin una grieta; una piedra refinada que no tiene un átomo de vulgaridad.
Una piedra así puede cometer un crimen, si golpea con la fuerza conveniente. Se deduce que hay aquí una posible autora del asesinato de aquel bicho. No es que interese mucho quién mató al bicho; a fin de cuentas, no era más que un ser feo e inútil, cuya muerte solo despierta la curiosidad. ¿De dónde salió aquel bicho? Es una pregunta difícil, teniendo en cuenta que nadie sabe qué cosa era? Solo hay una realidad: estaba y ya no está.
¿Y la piedra? Una piedra no camina sola, careciendo de patas. Si suponemos entonces que la piedra mató al bicho, ¿quién movió la piedra? Y si alguien movió la piedra, ¿fue otro bicho?
Cabe la posibilidad de un segundo bicho que moviera la piedra para aplastar al primero, pero un bicho, ¿más grande o más pequeño que el primero?, ¿con cuatro patas o siete patas?, ¿o sin patas? Como ve usted, el problema es bastante complejo.
Así es que dejamos a su criterio la elección del crimen, del criminal y de la víctima, y nosotras, las hormigas, continuamos con nuestro trabajo eterno, que hemos perdido ya bastante tiempo.