PLUMAS DE PAZ

PRESENTA UNA OBRA DE ANDREA PAOLA CASTRO AGUILAR, ESCRITORA DE EL SALVADOR

BRILLA, SUEÑA, SONRÍE

La vida en casa iba de mal en peor. No había día en que no peleara con mi esposa por tonterías. No sabía qué pasaba, pero parecía que pelear era el mejor método para desahogarnos. Tanto ella como yo buscaba la mínima cosa para hacer bronca. La paz y tranquilidad del hogar se habían ido de paseo. Parecer constantemente perros y gatos, se puede decir que estaba bien, media vez no fuese a más, ya que nunca habíamos recurrido a los golpes. Sin embargo, pronto me di cuenta de que sí había alguien quién se estaba viendo afectado, nuestra pequeña hija de doce años. Cuando las peleas ocurrían, ella no estaba presente, pero no significaba que no se diera cuenta.

Un día, en el que las cosas se habían salido tanto de control que consideré irme de la casa, entré a la habitación de la niña para decirle que su padre debía irse por un tiempo.

La encontré acostada en su camita abrazando una almohada, sus ojitos estaban llenos de lágrimas y en sus orejas tenía unos audífonos, seguí con la mirada el cable hasta dar con la pantalla de su celular. En ese justo instante las palabras “Brilla, Sueña, sonríe” se proyectaron.

Volví a mirar su rostro húmedo y noté la pequeña sonrisa que se dibujaba debido a sus sueños. No puedo explicar qué sentí en ese momento. Terminé por darme cuenta de que los pleitos se reflejaban en la pequeña, pero de alguna forma ella se refugiaba en la música para sentir menos el dolor. Un poco más calmado, me fui a acostar. Al día siguiente, con mucha curiosidad, le comenté lo que había visto. Su respuesta me caló en el corazón:

«En realidad, cuando tú y mi mamá peleaba, me sentía triste, pero encontré música que me reconforta, me hace sentir que no estoy sola, me siento bien al escuchar las voces y no puedo evitar ser feliz».

Me dio gusto escuchar que a pesar de las adversidades que vivía en casa, mi pequeña había encontrado paz a su manera y que de alguna forma se sentía feliz. Yo no pude hacer más que pedirle perdón y abrazarla. Mirándola a los ojos, le prometí en mi mente que iba a cambiar y buscaría la manera de evitar que ella se sintiera como si viviera en el mismísimo infierno.

Debo aclarar que al principio no fue fácil, mi esposa estaba demasiado dañada y no creía que yo realmente intentaba hacer las paces. Poco a poco todo en casa se fue calmando. No voy a decir que comenzamos a vivir como en un jardín de rosas, pero cuando había diferencia de opiniones, intentábamos resolverlas sin tanta discusión.

La paz se abría, paso nuevamente en casa y nuestra hija volvió a sentir ese calor que solo un hogar unido puede transmitir, pero no dejó a un lado la música, que alguna vez estuvo ahí para animarla.

Publicado por HAVVA ESCRITOS

La colección literaria, que disponía mi abuelo, abrió un mundo fascinante; que me atrajo desde el primer instante hacia las letras.

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