¡Tomo un café con vos en mi silencio!
¡Te escribo, para decirte, gracias!
¡Me sostuviste en mis mareas!
Los espacios vacíos quedaron poblados con la llegada de tu Luz… Había fallado mil veces como humano, a veces doblé una esquina, sin ver la triste realidad. Aquella realidad, despeinada entre llantos, como un sauce en medio de verdes, que se volvía tristemente amarillento. Es que no he escuché cuando me hablaste, dejé ir solitaria la palabra que debí decir, tal vez se trataba de algún te quiero para algún ser agonizante en un momento gris.
Sin excusas, me rebelé, busqué culpar y a veces hasta culparme, es que me pierdo cada tanto, en esas inercias de no verte, aun sabiendo que me miras compasivamente; pero hoy te escribo, te clamo por tus brisas, por la paz.
¡No quiero retener lo que he perdido!
¡No insistiré donde no encuentro respuesta!
¡Romperé mis propias fortalezas interiores!
¡Adiós, a querer hacer que vuelva otra vez el tiempo ido!
¡Perdón!
Señor, en esta carta, digo algo a mi favor; aunque lo sabes, me arrodillo ante ti, para seguir, con una valija de pocas pertenencias, un cuaderno, un lápiz y una goma, que en medio de los errores pueda decirte, que me ayudes a empezar a borrar y abrir una cuenta renovada, ¡un contrato con vos!, aceptar ser la voz que anuncie que estás vivo, allí donde el túnel de la cárcel, me haga sentir, que tú amas a los que han caído y que si nadie quiere ir, que sea yo, la que encuentre el camino, de poder ser un instrumento que con vos libere, restaure y sienta que puedo hacer crecer lo que hiciste tan perfecto, sin juzgar, sin señalar, simplemente, lograr que alguna conciencia al igual que la mía se despierte, para ser lo que tú deseas amar en plenitud.
La humanidad, solo a ti te corre examen final, allí donde, sin trampas, estaremos desnudos, en tu presencia, por eso quiero volver a ti y ruego que esta noche o cuando quieras, contestes, esta humilde pretensión de firmar conmigo, este nuevo desafío.