HUELLAS DE MUJER

El valor de una mujer según los tiempos… Si una falda corta, un escote atrevido, tiempo atrás era vituperado; por el contrario, ahora es elogiado. Pero, ¿en realidad ese es el enfoque que buscamos? Observo desanimada cómo cada día se deforman los ideales de igualdad a imitadores, convirtiéndose en una frase de «si los hombres lo hacen, nosotras también podemos». Pensé que el cambio que buscábamos era demostrar que ser mujer no es sinónimo de debilidad ni de vivir bajo la represión.

Debemos ser honestas, es inútil esa idea de usar la imagen como «arma estratégica»; pues el tiempo dictaminó sentencia a la imagen externa y no hay nadie que se libre de esta apuesta. Sé que existen personas luchando contra el paso de los años; pero es en vano y porfiado este acto. Así que realcemos a las mujeres que tomaron esos derechos de igualdad; para borrar esa imagen cubierta de maquillaje, tacones de punta o ajustados trajes, y convertirla en la figura de una mujer que limpia el campo con un machete afilado, que labra la tierra para seguir sembrando, que se echa el saco al lomo para vender los frutos de su trabajo. Una mujer que decidió tomar las riendas e ir más allá de una imagen.

Admiro el bravío de esa mujer que, aunque su imagen no es el protagónico de una revista, siempre tiene una sonrisa, propia del sentimiento que aflora de ella, como una bocanada de aire fresco, como emblema de paz; pues su esfuerzo y arduo trabajo llevan el pan a la mesa. Así que dejemos de ser verdugos, dejemos de juzgar la apariencia. No niego que la belleza debe ser admirada, pero tampoco quiero observar a jóvenes afanadas en un consumo excesivo de maquillaje por esa idea de cubrir imperfecciones.

Mujer, despierta. El hombre sigue estipulando reglas a través de la belleza y nosotras estamos presas de ese discurso mediático de cómo deben lucir las mujeres, sin ejercer la igualdad. No somos piezas de adorno, tampoco somos títeres; somos la fuerza de un corazón de madre, hermana, hija, tía, esculpiéndose paso a paso para lo que la vida depara. Somos un regalo de Dios para ofrecer vida y no debemos olvidarlo.

Inspirada en la ingeniera Stella Lemos, una mujer que dejó la ciudad para adentrarse en el campo, abrazando un oficio que, aunque maltrata las manos, ennoblece el alma y fortalece el espíritu.

Publicado por HAVVA ESCRITOS

La colección literaria, que disponía mi abuelo, abrió un mundo fascinante; que me atrajo desde el primer instante hacia las letras.

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