Una Metáfora de Corrupción Tecnológica y Moral
Una vez dado de baja por el ordenador, una huella casi imperceptible permanece hasta una nueva ocasión. En ese momento, un malware reactiva su comando y retoma su trabajo de infectar los archivos en la computadora. Uno a uno, los archivos son alterados, el ordenador se ve saboteado, y parece inverosímil llevarlo a la papelera de reciclaje.
Esta es la interpretación de un ingeniero en sistemas sobre una infección. Sin embargo, se añade el punto de vista de un hombre sin conocimiento en algoritmos, pero temeroso de Dios, quien dice que el virus se ha incrustado en sus miembros inferiores y luego ha sido traspuesto a órganos continuos, entrelazándose con los tejidos que controlan sus neuronas. Para él, esta corrupción no es meramente técnica, sino un reflejo del pecado que contamina el cuerpo y el alma, donde el virus simboliza las transgresiones que afectan profundamente la esencia humana.
Aquí se presenta el dilema de dos hombres, explicando la misma consecuencia de un cuerpo externo y su carácter corrompido, aunque con palabras distintas. Mientras que el ingeniero describe la infección en términos de tecnología, el hombre temeroso de Dios ve el virus como una metáfora del pecado, ambos advirtiendo sobre los efectos devastadores de una corrupción que va más allá de lo visible.