Señor, Dios mío. Aquí estoy, frente a tu altar. Doblando las rodillas, y agradeciendo el amor que tú me das. Cómo tantas ovejas perdidas, sin ilusión, guiaba mi paso. Sintiéndome solo en la vida, y necesitado de un fuerte abrazo Mi presencia no parecía importar, mi opinión nadie parecía escuchar. Era sentir, cómo se cerraban …